Yes, I can do it!

Donde pones tu atención, va tu energía.
Y donde va tu energía, también van tu valor, tu transformación y tu progreso.
Se trata de la energía que ponemos ahí fuera todos los días, en cada acción y en cada interacción. La verdadera pregunta es: ¿somos realmente conscientes de cuándo nos abandonamos y cuándo nos elegimos durante el día? Porque la suma de todos esos días vividos es lo que finalmente forma el gran esquema de nuestra vida.
Preguntas para cultivar autoconciencia:
¿Somos honestos con nosotros mismos y con los demás?
¿Vivimos en sincronía con lo que somos, lo que queremos, lo que vivimos y lo que manifestamos?
¿O repetimos las mismas historias que nos contamos en nuestras cabezas?
La conciencia es clave: reconocer las historias que nos contamos a nosotros mismos
Cuando no nos detenemos a entender de dónde vienen esas historias —esas que nos hacen sentir incapaces o no merecedores de la abundancia y del amor que somos por el simple hecho de estar vivos— terminamos reflejándonos constantemente en otros y en sus realidades. Se crea entonces la ilusión de que todo lo que criticamos o adoramos en los demás tiene más poder sobre nosotros que nuestra propia esencia. Y aunque a veces nos haga sentir superiores, en realidad nos deja vacíos.
Cuando nos sentamos a escribir en un diario sobre nuestro pasado, sobre los patrones repetitivos, los rasgos culturales heredados y las falsas creencias de poco valor personal, comenzamos a vernos realmente. Empezamos a reconocer qué historias nos contamos para validar una realidad en la que no somos felices… una realidad que, en el fondo, no tiene nada que ver con quién realmente somos.
Cuando limpiamos y removemos esas historias de nuestras vidas, y hacemos el compromiso diario de regalarnos otra realidad, comenzamos a hacer los cambios necesarios para liberarnos de nuestras ataduras. Nos liberamos de la narrativa que repetimos una y otra vez para evitar llegar a lo profundo, a lo real, a nuestra esencia.
Esas historias que repetimos para justificar nuestras acciones ante otros terminan convirtiéndose en un disco rayado que usamos como alivio momentáneo. Y así podemos pasar una vida entera huyendo del dolor y de la incomodidad que implica comunicarnos desde nuestra verdad.
Pero cuando elegimos hacerlo —cuando elegimos ser honestos con nosotros mismos— descubrimos que estamos a solo un paso de conectar cada vez más con nuestra verdadera esencia, con lo que realmente somos, con lo que nos hace felices y plenos.
Y entonces recordamos algo muy simple, pero muy poderoso:
Sí. Puedo hacerlo.
Yes, I can do it.
